Restaurantes de Moda en Santiago

LORENZA BISTRÓ: COMER, BEBER Y BAILAR EN ALONSO DE CÓRDOVA

Encontrar un lugar que cumpla con ser bailable, buena comida y buenos cócteles para tomar es muy extraño. Lorenza Bistró es justamente esta triada: encendido ambiente nocturno, que se transforma desde un restaurant de mantel largo a un ambiente totalmente distendido y animado. 

Entrar a Lorenza Bistró es estimulación pura a primera vista, exquisitamente decorada con sus paredes con murales botánicos y otros de ladrillos, manteles largos y blancos sobre la mesa -tal como a la antigua usanza- y con toques industriales, es sin dudas una gran antesala para una experiencia gastronómica.

Detrás de Lorenza está Claudio Artus -y su nombre se lo debe a su homónima hija- la mano del chef Eduardo Ahumada, y luciéndose con coctelería de autor está Pablo Prüfer. La propuesta es clara: cocina y cócteles de autor con ingredientes acordes a la cocina contemporánea chilena, enmarcados en un lugar que genera experiencias. No es de extrañarse que un día haya música jazz en vivo y al día siguiente rock, así es Lorenza, cada noche una nueva experiencia. Esta noche era de Saxofón, música increíble para comer y disfrutar.

Teníamos que probar cada una de las partes de esta tríada y partimos por la coctelería de autor. La carta es generosa y de ingredientes muy llamativos; carbón, syrup de pop corn, vinagre de uva y soda de café. Seguimos la recomendación de Pablo y probamos “Reflexión” con Beefeater 24, reducción zarzaparrilla y Chardonnay, humo de cerezo, té negro y jengibre. Simplemente una mezcla de sabores muy equilibrada, un suave toque de amargor debido al té que queda en boca y de sabor oscuro y fresco. En contraste, probamos “Arco del Triunfo” que lleva Bombay Gin, agua miel de mostaza y pepino, bitter de durazno, vinagre de uva y polvo de pepino. Una preparación de sabor botánico, durazno en boca y final de pepino, muy particular y simplemente exquisito.

 

Luego como plato entrante pedimos un “Crudo de vacuno” con pepino y aderezo de mostaza en agua de cítricos, aliñado perfectamente y fresco gracias al pepino. Y como principal nos aventuramos con el “Pulpo de nuestras costas” con quínoa al cilantro, medallones de papa nativa y polvo de aceitunas. De rico sabor que contrasta muy bien con la quínoa y con costra consistente, y con la “Entraña con salsa demi-glace”, crema de zapallo camote y jardín de vegetales; carne jugosa y tierna que combina muy bien el dulzor y textura aterciopelada del zapallo camote.

Entre el postre y la comida, hicimos una pausa, y seguimos maravillándonos con la coctelería de autor, esta vez con “Oro Negro”, uno de los favoritos de Pablo Prüfer: Pisco Control C, carbón activo, vinagre de manzana, syrup de sauco poleo, cedrón, albúmina y placa de caramelo negro con frutos secos tostados. A la vista, una escultura, colores profundos y oscuros y en sabor, simplemente increíble, de sabor profundo y auténtico.

“Costa Azul” sería otra gran sorpresa, con Gin Tanqueray, syrup de sauco y vainilla, araucano, bitter de berries, jugo de limón con nido de hielo de frutos rojos.

 

Para terminar, y no te puedes ir sin dejar de probar los postres, nos quedamos con un “Volcán tibio” con centro líquido, acompañado de helado de frutos rojos y una “Milhojas de manjar casero” y rocas de merengue de vainilla con salsa de caramelo. Perfecto final para una gran velada.

Sin embargo, esto no termina acá: el saxofonista se va, hay cambio de luces y la música se enciende. Aparece La Máscara -si, la de la película-, con la canción Cuban Pete Song para animar al público y así comienza a transformarse Lorenza con un tono bailable, pero esa parte de la reseña nos la reservamos para otra ocasión.

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Gabriela Diéguez - Santiago

Periodista, colaboradora de Chile Gastronomía

gdieguez@chilegastronomia.cl

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