En Santiago, la barra está viviendo un cambio de enfoque. Tras años donde predominó la experimentación y la puesta en escena, hoy se impone una búsqueda más simple y consciente, donde el sabor, el origen y la memoria vuelven a tener protagonismo.
“El paladar local ha evolucionado. Si en su momento ir a un bar era solo para consumir tragos típicos como una piscola o un gin tonic, hoy vemos a un público más educado que se atreve con un Old Fashioned, un Dry Martini o un Manhattan. Se está volviendo a los clásicos”, comenta el experto, marcando este regreso como una señal clara del momento actual.
Pero este retorno no ocurre solo desde la nostalgia. También convive con una tendencia creciente hacia el bienestar y el consumo más liviano.
“El cuidado personal hace que la gente se junte más temprano y prefiera una copa de vino, un mocktail o bebidas frescas y ligeras”, agrega el bartender.
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En ese equilibrio entre clásicos y nuevas formas de consumo,
The Bistro propone una carta acotada de ocho preparaciones pensada como una extensión de la cocina, diseñada para acompañar de forma natural los distintos momentos de la experiencia gastronómica, desde los aperitivos hasta la sobremesa.
Es dentro de esa lógica donde este mes aparecen tres cócteles que sintetizan la propuesta del bartender Jaime Soto, combinando emoción, identidad y frescura en distintas direcciones.
Aura, con notas de anís, se construye desde la nostalgia y la memoria afectiva, evocando sabores de infancia y dulces tradicionales.
Raíz, inspirado en la cultura del café, profundiza la sobremesa con una propuesta de mayor carácter y continuidad.
Umbral, fresco y de baja graduación alcohólica, responde a un consumo más ligero, consciente y contemporáneo.
La propuesta se completa con una elaboración que prioriza lo hecho en casa, a partir de infusiones, syrups y hierbas de huerta, además del uso de licores chilenos de autor como Litmus y Carpintero Rosso, reforzando una mirada local y artesanal.
Más que una selección del mes, The Bistro plantea una forma de entender la coctelería donde la técnica acompaña, pero no sobrepasa; y donde la experiencia se construye desde lo simple, lo reconocible y lo bien ejecutado.